Índice del Foro La Guerra Civil Española La Guerra Civil Española
Correo del foro: guerracivil_foros@hotmail.com por favor, no enviar correos de búsqueda a familiares, para eso ya existe un subforo, gracias.
 
 F.A.Q.F.A.Q.   BuscarBuscar   Lista de MiembrosLista de Miembros   Grupos de UsuariosGrupos de Usuarios   RegístreseRegístrese 
 PerfilPerfil   Conéctese para revisar sus mensajesConéctese para revisar sus mensajes   ConectarseConectarse 

Casas Viejas

 
Publicar Nuevo Tema   Responder al Tema    Índice del Foro La Guerra Civil Española -> La II República
Ver tema anterior :: Ver siguiente tema  
Autor Mensaje
Juan de Juan
Brigada
Brigada


Registrado: 22 Sep 2006
Mensajes: 551

MensajePublicado: Mar Abr 28, 2009 12:05 pm    Título del mensaje: Casas Viejas Responder citando

De mi blog.


Casas Viejas
---------------

La II República española, en lo que a gobiernos o series de gobiernos se refiere, se divide habitualmente en tres tercios. El primer tercio es el bienio constitucional, en el que la izquierda diseña la Constitución republicana. El segundo tercio es el bienio de las derechas, durante el cual se produce el golpe de Estado revolucionario mal llamado Revolución de Asturias; y el tercero es el regreso de las izquierdas con el Frente Popular.

Cada uno de estos tercios tuvo su tumba. La tumba del Frente Popular fue el golpe de Estado y la guerra civil. La tumba de las derechas fueron los escándalos del estraperlo y el caso Nombela-Tayá. Y la tumba del primer bienio de la República fue el feo asunto de Casas Viejas. Que es tan, tan feo, que hoy es el día que el pueblo de Casas Viejas ya no se llama Casas Viejas.

Ocurrió hace ahora 76 años, en 1933. Al iniciarse ese año, el anarquismo dijo basta. Los anarquistas y anarcosindicalistas siempre habían sido compañeros de viaje del sueño republicano, pero unos compañeros de viaje bastante incómodos. El sueño republicano fue alumbrado por políticos burgueses que no creían en otra cosa que en los regímenes parlamentarios reformistas, y algunos de izquierdas, situados casi siempre en el PSOE, los cuales, si bien eran en muchos casos marxistas avant la lettre, o bien se sacudían con elegancia esas teorías o bien las aplazaban hasta un futuro teórico lo suficientemente lejano como para convertirse, por la vía de los hechos, en avales del parlamentarismo burgués. Quizá el mayor ejemplo de esta tendencia pueda ser Julián Besteiro, quien se decía y consideraba marxista pero que, sin embargo, desde la tribuna de la presidencia de las Cortes, tras la aprobación de la Constitución republicana, no ahorraba epítetos positivos para el sistema parlamentario inglés y el posibilismo laborista.

Los anarquistas, sin embargo, estaban hechos de otra pasta. Llevaban 50 años luchando por el comunismo libertario y no iban a andarse con medias tintas. A ello se unió el parcial, en ocasiones completo, fracaso de la reforma agraria republicana, fracaso en el que tuvieron que ver defectos de diseño, el obstruccionismo de los propietarios y, sobre todo, la falta de financiación. El fracaso de la reforma agraria hizo que el anarquismo, que nunca había abandonado del todo las áreas rurales sobre todo en el sur de Andalucía, recibiese notables apoyos gracias a la profunda desilusión que muchos aparceros tenían hacia la República, en la que seguían muriéndose de hambre. Hay que hacer notar que parte de ese hambre era culpa de la propia República pues ésta, para evitar el abuso de los patronos con los jornaleros a la hora de fijarles salarios, dictó su llamada Ley de Términos Municipales, por mor de la cual no se podían contratar jornaleros fuera del término municipal donde estuviese ubicada la explotación. Esta medida fue muy positiva en aquellos lugares donde había explotaciones. Pero allí donde no las había o no se explotaban, condenaba a los jornaleros al hambre, pues no podían emplearse nada más que donde no había empleo.

El divorcio del anarquismo con la República se hizo más intenso en 1932, cuando la FAI organizó una serie de acciones revolucionarias en la cuenca del Llobregat, que hubieron de ser reprimidas y que hicieron al gobierno deportar a Guinea a dirigentes faístas como Durruti o Ascaso.

El 8 de enero de 1933, el anarquismo sacó músculo en Sevilla, Zaragoza, Logroño, Lérida, Granada, Barcelona y Valencia. Fue una insurrección en toda regla reprimida como tal por el gobierno. Sin embargo, esa represión no pudo impedir que la mecha revolucionaria se extendiese por el sur de Andalucía, y pronto hubo conflictos en Sanlúcar, La Rinconada, Utrera, Alcalá de Guadaira, Arcos de la Frontera...

Casas Viejas estaba, y está, situado en medio de ese merdé, en la provincia de Cádiz y perteciendo, entonces, al municipio de Medina Sidonia. Tenía unos 1.200 habitantes, todos o casi todos de los cuales vivían del campo. En el área había 6.000 hectáreas cultivables, pero en 1932 sólo se habían trabajado 1.300, porque los propietarios se negaban a explotarlas en las condiciones que les imponía la legislación. Por lo tanto, se estima que en aquel año habían trabajado unos 100 jornaleros en toda la aldea, lo cual suponía una astronómica cifra de paro del 80%.

El 10 de enero, los estrategas anarquistas decidieron el estallido de una insurrección en toda la baja Andalucía, y sus correligionarios en Casas Viejas recibieron la orden de unirse a ella. El día 11 un grupo de anarquistas izó una bandera rojinegra en el pueblo, tomó sus escopetas de caza y se dirigió al cuartel de la guardia civil, donde los efectivos que allí estaban se negaron a secundar la rebelión. Ambos bandos se enfrentaron a tiros, resultando dos guardias heridos. Los sublevados tomaron el control del pueblo.

El gobierno civil de Cádiz, al tener noticia de esta insurrección, envió refuerzos. A las cinco de la tarde del mismo día 11 llegó al pueblo el teniente Fernández Artal, de la Guardia de Asalto, al mano de 12 guardias y cuatro números de la guardia civil. Logró liberar a los sitiados en el cuartelillo y, en general, sacar del pueblo a los rebeldes. Sin embargo, una pequeña partida, liderada por Curro Cruz, a quien todos conocían como Seisdedos, se hizo fuerte en una de las casas. Fernández Artal hizo dos intentos de componenda y los dos le salieron mal: primero le envió a un guardia para parlamentar, que fue herido y apresado por los anarquistas; y después a un detenido, el cual se unió a los sitiados. En total, allí dentro hay cinco hombres, dos mujeres y un niño. Fernández Artal, puesto que se hace de noche y tiene controlada la situación, decide esperar al día siguiente.

Mientras el teniente de Asalto espera, el primer acto real de la tragedia levanta el telón en Madrid. A la Puerta del Sol, sede de la Dirección General de Seguridad, llegan las noticias de Casas Viejas. Es director general Arturo Menéndez. Menéndez es en ese momento, como poco, un hombre presionado para impedir que la revolución brote en el sur de Andalucía; en buena parte, pues, su actuación de las próximas horas se basará en el deseo de evitar eso como sea. Prueba de que es así es que tres días antes de la sublevación de Casas Viejas, la DGS había hecho pública una nota de prensa en la cual instaba a las fuerzas de seguridad a «redoblar el rigor empleado» contra los sediciosos.

Menéndez ordena más refuerzos. Pero los refuerzos salen de Madrid, lo cual es lo primero que huele mal en toda esta historia, porque lo normal es que los refuerzos se envíen desde más cerca mejor, porque así llegan antes. Una compañía de guardias de asalto al mano del capitán Manuel Rojas Feigespan, hombre de absoluta confianza de Menéndez, se mete en el expreso de Andalucía de esa noche camino del sur. Menéndez acude personalmente a la estación del Mediodía a despedirlos, algo que tampoco es muy normal.

Pero Menéndez tiene razones para acudir al andén. Una vez allí, se acerca a Rojas y le da órdenes taxativas: «ni heridos ni prisioneros cuando se haga fuego contra la fuerza». Así pues, el capitán Rojas viajó al sur convencido de que tenía patente de corso para hacer lo que creyese conveniente.

En la mañana siguiente, Rojas está ya en Casas Viejas. Intenta evacuar a lo sitiados con bombas de mano, sin conseguirlo. Apresurado por solventar el problema cuanto antes, resuelve hacerlo mediante el fuego. Los guardias lanzan sobre la casa piedras envueltas en trapos empapados de gasolina y acercados a la llama antes del lanzamiento.

Al inicio del incendio, una mujer y el niño huyen de la casa. Luego otra mujer y un hombre intentan huir, pero son abatidos por los tiros de los guardias. El resto de los revolucionarios mueren abrasados vivos en el inmueble.

Son las ocho de la mañana. Rojas ha conseguido lo que quería. El pueblo casi entero está acojonado en sus casas. Pero, por alguna razón, juzga que aún hay que dar un paso más. Ordena registrar las casas una por una y proceder a la detención de sospechosos. Se generó una cuerda de 14 detenidos que, inexplicablemente, fueron fusilados, desarmados y atados, tras haber sido paseados frente al cuartelillo que horas antes tenían sitiado.

Los hechos hacen mella en la conciencia del teniente Fernández Artal, el cual probablemente tuvo algo muy parecido a un ataque de ansiedad. Rojas lo tranquiliza y de paso le recuerda que lo mejor que puede hacer es cerrar la boca sobre lo que ha visto y, luego, toma el camino de Madrid.

El día 12, el ministerio de la Gobernación, actual del Interior, regentado por Casares Quiroga, informa en una nota de los hechos de Casas Viejas. Da una cifra aproximada de víctimas (18 o 19), se refiere únicamente al episodio de la casa y los sitiados, asevera que la operación se realizó con bombas de mano y cita el incendio sólo para justificarlo como consecuencia de las mismas. Los hechos, sin embargo, habían tenido muchos testigos, especialmente desde las trochas de los alrededores del pueblo. Campesinos que pudieron huir de la represión posterior fueron a Medina Sidonia y comenzaron a contar lo que habían visto. El día 15, dos periódicos de Madrid deciden destacar enviados especiales. La Libertad envía nada menos que a Ramón J. Sender; y La Tierra envía a Eduardo de Guzmán, quizá su mejor informador y autor de interesantes libros sobre la República y la Guerra Civil. Pese a luchar con el mutismo oficial, de la mano o la pluma de estos enviados, el día 19 la prensa empieza a publicar retazos de verdad.

En aquel entonces la República tenía una costumbre hasta cierto punto insana por lo poco ejemplarizante que ha heredado nuestra democracia, y es ésa de dar a los parlamentarios más vacaciones que las de la hija del marqués. El Parlamento no abre sus puertas hasta el 1 de febrero pero, para cuando lo hace, lo hace para servir de caja de resonancia del enorme follón de Casas Viejas. Ese mismo día Eduardo Ortega y Gasset, diputado radical-socialista (y, por lo tanto, teórico socio del gobierno) presenta una interpelación y un informe en el que asevera con precisión que once personas han sido asesinadas mientras estaban atadas e inermes. Casares (inexplicablemente, diría yo) ni siquiera está en el hemiciclo, así pues tiene que contestar el subsecretario, Carlos Esplá, el cual hace un papelón que apenas calla las bocas menos exigentes.

El día 2 ya es Lerroux, es decir el jefe de la minoría opositora al gobierno más numerosa, el que se levanta, provocando la contestación del mismísimo Azaña, jefe de gobierno. En esta intervención, Azaña utiliza esa típica estrategia que dice que cuando no quieras hablar de lo particular, extiéndete en lo general. Azaña se lanza a peroratas sobre la acción general del gobierno y sobre Casas Viejas, además de decir que ya está todo aclarado, pronuncia la célebre, desgraciadísima frase, de «en Casas Viejas no ha ocurrido, que sepamos, sino lo que tenía que ocurrir». Esta frase sólo se justifica aceptando que Azaña era tonto, que en mi opinión puede ser con mucha mayor probabilidad de lo que habitualmente se acepta; que, en ese momento, no supiera realmente lo que había pasado en Casas Viejas (pero si dijo eso sin saberlo, alto tonto sí que era); o ambas cosas a la vez.

Se propone la creación de una comisión parlamentaria. El gobierno, que tiene casi 20 muertos sobre la mesa, tiene el cuajo de rechazarla (123 votos a 81).

A los hagiógrafos de don Manuel Azaña les gusta recordar que, tras este debate, el presidente del Gobierno se aplicó a saber lo que realmente había pasado en Casas Viejas y de hecho encargó al teniente coronel Romeu una investigación. Todos estos datos son ciertos. Pero, sin embargo, no dejan de formar parte de una, a mi modo de ver, excesiva comprensión para con Azaña. El 2 de febrero, cuando se levanta en las Cortes para contestar a Lerroux, han pasado ya 20 días desde la matanza de Casas Viejas, y los abrumadores testimonios publicados por la prensa hacen imposible a nadie creer que la versión de Casares es la correcta. De hecho, el gesto de Azaña, encargando una investigación propia, deja ver claramente que él mismo lo piensa. Resulta muy difícil de creer que Azaña fuese a la sesión del día 2 completamente ciego. Que no supiera aún con certeza, tiene un pase. Pero que ni siquiera sospechase, eso no se lo cree ni el que asó la manteca. Así pues Azaña, en las Cortes, se levantó, si no para mentir, sí para sospechar que estaba mintiendo.

El 13 de febrero, en su diario, Azaña dice que recibe noticias de Casas Viejas y que se teme lo peor. Esta entrada del diario sirve para que quienes creen en él sustenten que antes no sabía nada. Pero eso mismo convierte a Azaña en un presidente del Gobierno delante del cual los policías se cargan impunemente a más de 15 personas y él se tira un mes entero sin saberlo.

El día 23 el diputado Salvador Sediles, sobreviviente de la sublevación de Jaca por cierto, hace público en el parlamento las averiguaciones hechas por los diputados por libre y sobre el terreno. Es la primera vez que en las Cortes se oye completa la versión real de lo ocurrido.

Azaña se levanta a contestar. Lo que hace es dividir los hechos en dos periodos distintos. Hay uno que va hasta las 8 de la mañana del 12 y otro que ocupa lo que ocurrió después. Del primero asevera que se respetó la legalidad a machamartillo. Y, sobre el segundo, realiza un retruécano políticamente irresponsable, o mejor yo diría impresentable: «¿Tenemos nosotros algo que ver con el que haya podido faltar a sus obligaciones en Casas Viejas ni en ninguna otra parte?» Acojonante. Un presidente del Gobierno confesando, negro sobre blanco, que si alguien, utilizando el aval de formar parte de las fuerzas de seguridad, va y se pasa metiéndole unos tiritos a unos mataos, él no tiene por qué ser responsable. De la bronca que se montó el gobierno se hizo tanta caquita que se le disolvió el cuajo y acabó por permitir la formación de la comisión parlamentaria (173 votos contra 130).

Para aquel entonces el principal implicado en la cuestión, el capitán Rojas, estaba tratando de tapar bocas. Viajó a Sevilla para tratar de tranquilizar al cada vez más histérico Fernández Artal. Pero, sin embargo, mientras estaba haciendo eso, cinco capitanes de Seguridad firmaban un acta, que hacían llegar a Azaña, en la que, entre otras cosas, declaraban que en enero de 1933 el Director General de Seguridad les dio instrucciones «de que en los encuentros que hubiera con los revoltosos con motivo de los sucesos que se avecinaban en aquellos días, el gobierno no quería ni heridos ni prisioneros». Obsérvese que el acta pone en los labios de Menéndez las palabras «el gobierno no quiere». Para más inri, además de a Azaña, le enviaron el acta a un diputado de la oposición, el radical Tomás Peyre.

Los firmantes del documento fueron apartados del servicio y expedientados. Azaña, por su parte, llamó a su presencia a Rojas, quien confirmó en la entrevista haber recibido las órdenes y, consiguientemente, avaló el acta, aunque aún negaba las ejecuciones a sangre fría.

El 2 de marzo, la oposición ensayó una nueva censura al gobierno por el asunto de Casas Viejas. Azaña se defendió calificando el acta de los capitanes de movida política. Hubo quien pensó que había saltado la valla y que saldría de aquélla con los cojoncillos en su sitio. Pero apenas unas horas después, el día 3, Fernández Artal estalló. Estando en Madrid, se sinceró con sus compañeros del cuartel de Pontejos, los cuales le recomendaron que hablase, por lo que prestó en la DGS, y ante un abogado del Estado, una declaración en la que confirmaba la producción de ejecuciones sin legalidad alguna.

La publicación de esta confesión provocó la dimisión de Menéndez, incapaz ya de permanecer en el cargo. El consejo de ministros, en reunión de urgencia, ordenó un careo ante el juez de Rojas y Fernández Artal. Si lo montó para solucionar el asunto, la cosa le salió mal, porque fue Rojas el que se derrumbó y acabó por reconocerlo todo.

El 7 de marzo, mes y medio después de los hechos y dos semanas después del informe Sediles, Azaña se levantó en el Parlamento para reconocer los fusilamientos por primera vez. Presentó el nombramiento del juez especial como una demostración de la preocupación del gobierno por esclarecer los hechos.

El 10 de marzo, la comisión parlamentaria culminó sus trabajos, en los que hablaba de fusilamientos sumarios ordenados por la Dirección General de Seguridad. Se exculpaba totalmente a los miembros del gobierno. El 16 de marzo, la oposición boicoteó la votación de este dictamen, que quedó aprobado por 210 votos contra uno.

Sin embargo, la aritmética parlamentaria no lo es todo en democracia. El gobierno perdió, seguidas, las elecciones municipales parciales de abril de aquel año y, después, las convocadas para las vocalías del Tribunal de Garantías. La gota malaya de la oposición obligó a Azaña a dimitir en septiembre de 1933. Pocas semanas después, la derecha arrasaba en las urnas.



¿Cuál es la valoración que cabe hacer de Casas Viejas? Muchos historiadores han destacado, en los últimos años, la inocencia básica de Azaña, sosteniendo que el presidente del gobierno no supo de la existencia de los asesinatos impunes como muy pronto hasta el 19 de marzo. A mi modo de ver, esta interpretación no tiene pase. En democracia, como bien le recordarían una vez a Felipe González hablando del GAL, un presidente del gobierno es culpable tanto de saber, como de no saber. Porque el presi que no sabe que el seno de su administración se viola la ley es culpable de no saberlo, como lo es quien ordena dicha violación a sabiendas.

A mi modo de ver, además, en la oscuridad de esta historia queda desdibujada la figura de Arturo Menéndez. Es muy difícil pensar en un director general de Seguridad que da por su cuenta y riesgo una orden tan tajante como evitar la producción de heridos o prisioneros. Cualquier persona con dos dedos de frente sabe que eso es algo que se acabará volviendo contra uno mismo si, finalmente, sale a la luz y verdaderamente no se cuenta con apoyo de arriba. Así pues, me resulta muy difícil de creer que, cuando menos, don Santiago Casares Quiroga no estuviese informado, cuando no fuese el padre de la citada instrucción. Y, nuevamente, me cuesta creer que un ministro del Interior dé una orden así sin tener claro que Manitú la apoya.

Bartolomé Barba, capitán del ejército y destacado militar proalzamiento (fundaría la Unión Militar Española) fue por ahí contando, en esos días, que el día 11 se encontraba de guardia y que escuchó a Azaña decir «ni heridos ni prisioneros; tiros a la barriga». La mayoría de los historiadores se inclinan por pensar que esto fue una invención opositora y que Azaña nunca dio esa instrucción. Muy probablemente, es así. Don Manuel Azaña no es un asesino. Es, tan sólo, un mal, bastante más malo de lo que se suele decir, presidente del gobierno.

La República, además, acabó por abrochar con este asunto de Casas Viejas uno de sus esperpentos legales más acendrados. Porque el ya ex director general de Seguridad vio su causa sobreseída en el proceso por los sucesos; proceso en el que el capitán Rojas fue condenado a 21 años de prisión. Quizá por el cabreo que se pilló por comerse el marrón él solito, llegada la guerra Rojas se pasó al otro bando y participó en la represión en Granada.
Volver arriba
Ver perfil del usuario Enviar mensaje privado Visitar sitio web del autor
el palleter
Ciudadano
Ciudadano


Registrado: 04 Nov 2008
Mensajes: 490
Ubicación: Oliva. La Safor. País Valencià

MensajePublicado: Mar Abr 28, 2009 9:20 pm    Título del mensaje: Responder citando

Muy currado el artículo. Que feo me resulta este asunto, siendo de izquierdas como soy. Azaña es responsable ya sea por saber o por no saber como bien dices. La revolución les venía grande, ya que quitaba privilegios a sus amigos burgueses y terratenientes. La gente moría de hambre y el gobierno no solucionaba sus problemas.

_________________
El hombre tiene que establecer un final para la guerra. Si no, la guerra establecerá un final para la humanidad. John Kennedy
Volver arriba
Ver perfil del usuario Enviar mensaje privado Enviar correo
jake
Soldado de 1ª
Soldado de 1ª


Registrado: 20 Nov 2008
Mensajes: 87

MensajePublicado: Jue Abr 30, 2009 8:07 pm    Título del mensaje: Responder citando

Extraordinario artículo sobre los hechos de Casas Viejas. Yo creo que, en verdad, no se estaba preparado por aquellas fechas para el ejercicio democrático. Muchas veces, o casi siempre, pienso que hoy tampoco; y ejemplos de impolítica, siempre que hay muertes de por medio - y cuando no-, los tenemos muy presentes. Ciertamente las posturas marxistas y anarquistas de aquella época adolecían de experiencia: creían en un mundo mejor era posible, porque en el que vivían no podía ser más que una pesadilla horrible. Yo según lo veo parece que al Gobierno se le presentó un asunto muy espinoso y no lo supo resolver como debiera. Teniendo el caracter de derribo político que existía en las mentalidades políticas del momento, que no entendían otra cosa que en trágala de unos frente a otros, se aprovechó el asunto para explotarlo al máximo. Al final siempre creo que los responsables fueron todos los que cayeron en la politización donde no se aceptaban adversarios políticos. Lo que había eran enemigos políticos. Y a esos había que destruirlos. Lo de la reforma agraria se planteó claramente mal, en una España Rural, como afirmas. Y después del bienio reformista los que entraron en el Poder tampoco ayudaron nada. Y hemos de tener en cuenta que en esa España rural los de derechas no eran solo los marqueses; sino que en muchos casos eran tan borricos y cabeza dura como los de izquierda; y eso de que las normas hay que cumplirlas depende de muchas cosas: como que hay un tipo de personas que solo entienden las leyes de sus mismísimos. En fin: eran muchas cosas por hacer y escaso el tiempo, la sarten había estado cogida por el mango de unos cuantos y no gustaba de soltarla. La ley que obligaba a contratar a braceros de una misma localidad tenía un fin claro: evitar el caciquismo. Si a los remolones y a esos que, como le diría, son "mala gente" no lo vamos a contratar y los buscamos de otros pueblos. A ver quien hecha los garbanzos negros a la cesta. Aquí manda mis santos huevos y Paco el cagajuelas, ni Sebastián el paniagua aquí no trabaja; por mis santos huevos que no trabajan. Ya tienen el voto de todos los demás. El problema de la república fue quizá que nació en una sociedad rural, el lugar de la impolítica: los pueblos
Volver arriba
Ver perfil del usuario Enviar mensaje privado
David L
Brigada
Brigada


Registrado: 19 Jun 2006
Mensajes: 533

MensajePublicado: Vie May 01, 2009 7:17 am    Título del mensaje: Responder citando

Muy bueno el artículo. Poco más puedo aportar a la brillante exposición de Juan de Juan sobre el feo asunto de Casas Viejas. Me resulta difícil poder creer que el gobierno decidiera tomar una postura tan radical como la de no hacer prisioneros, ahora bien, tampoco descarto que aunque éstas no fueran las instrucciones precisas, pudiera ser que las verdaderas fueran la de reprimir sin contemplaciones la revuelta. Sigo pensando, como así fue hasta el mismo 18 de julio de 1936, que las fuerzas de izquierda burguesas temían más una revuelta social por parte de los sectores anarquistas que a un golpe militar de carácter conservador. Casares así lo demostró en las primeras horas del golpe militar del 36 yante su negativa a armar a las fuerzas obreristas.

Resulta también un tanto sospechoso la actitud de Arturo Menéndez, hombre de confianza de Azaña, no sé hasta que punto llegó a plantear este hombre con acierto el desbaratar con éxito esta revuelta. Tal vez, sólo estoy suponiendo, tras la asonada militar de Sanjurjo en agosto del 32 el gobierno se plantease que debía emplearse a fondo contra todo intento por parte de los anarquistas de alterar el orden público, de esta manera matarían dos pájaros de un tiro: mantendrían a las “gentes de orden” tranquilas y, por otra parte, se aseguraban de mantener a raya a los siempre díscolos anarquistas.

También he leído que el principal asesor militar de Azaña, el entonces teniente-coronel Hernández Saravia, no estuvo muy acertado a la hora de aconsejar al jefe de gobierno la manera con la que había que tratar y analizar informativamente este suceso. Manuel Rojas era cuñado de Saravia, y eso pudo haber afectado a este último a la hora de tratar el tema con Azaña.

En fin, un suceso triste y con bastantes claros y oscuros.

Un saludo.
Volver arriba
Ver perfil del usuario Enviar mensaje privado Visitar sitio web del autor
Carolus
Soldado de 1ª
Soldado de 1ª


Registrado: 21 Abr 2009
Mensajes: 77
Ubicación: ESPAÑA

MensajePublicado: Dom May 17, 2009 6:40 pm    Título del mensaje: Responder citando

Un buen artículo , muy bien currado.
Que bonita forma de defender un golpe Estado contra el gobierno legitimo de la II Rebúlica Española, eso sí, los ideales de los anarquistas son más legitimos que los del resto.
Felicidades.
un Saludo
Volver arriba
Ver perfil del usuario Enviar mensaje privado
bwillis
Miliciano
Miliciano


Registrado: 31 May 2009
Mensajes: 16

MensajePublicado: Jue Sep 17, 2009 7:47 pm    Título del mensaje: buen artículo Responder citando

Bueno compañero te felicito por tu artículo, muy didactico.
Gracias.
Volver arriba
Ver perfil del usuario Enviar mensaje privado
miguelon2411
Brigada de 1ª
Brigada de 1ª


Registrado: 16 Feb 2007
Mensajes: 822
Ubicación: Pais Valencia /La Liguria

MensajePublicado: Jue Sep 24, 2009 1:33 pm    Título del mensaje: Responder citando

Cual es la dirección de tu blog? si puede saberse Embarassed

_________________
A la hora de la verdad todos y cada uno de nosotros somos más parecidos de lo que podemos llegar a pensar....

Solo los usuarios registrados en este foro pueden ver URL!
Regístrate o onéctate en el foro!



Pais Valencia / La Liguria
Valencia / Genova
Volver arriba
Ver perfil del usuario Enviar mensaje privado Visitar sitio web del autor MSN Messenger
Juan de Juan
Brigada
Brigada


Registrado: 22 Sep 2006
Mensajes: 551

MensajePublicado: Jue Sep 24, 2009 9:33 pm    Título del mensaje: Responder citando


Solo los usuarios registrados en este foro pueden ver URL!
Regístrate o onéctate en el foro!

Volver arriba
Ver perfil del usuario Enviar mensaje privado Visitar sitio web del autor
miguelon2411
Brigada de 1ª
Brigada de 1ª


Registrado: 16 Feb 2007
Mensajes: 822
Ubicación: Pais Valencia /La Liguria

MensajePublicado: Vie Sep 25, 2009 6:02 pm    Título del mensaje: Responder citando

Juan de Juan escribió:
www.historiasdehispania.blogspot.com



gracias, cuando tenga un poco de tiempo lo empezare a leer.

_________________
A la hora de la verdad todos y cada uno de nosotros somos más parecidos de lo que podemos llegar a pensar....

Solo los usuarios registrados en este foro pueden ver URL!
Regístrate o onéctate en el foro!



Pais Valencia / La Liguria
Valencia / Genova
Volver arriba
Ver perfil del usuario Enviar mensaje privado Visitar sitio web del autor MSN Messenger
34BM
Ejército Popular Republicano
Ejército Popular Republicano


Registrado: 30 Dic 2006
Mensajes: 2133
Ubicación: Frente de Madrid.

MensajePublicado: Jue Ene 14, 2010 5:57 pm    Título del mensaje: Artículo de T.Ramos Responder citando

Diario de Jerez sobre Casas Viejas,
Solo los usuarios registrados en este foro pueden ver URL!
Regístrate o onéctate en el foro!



77 aniversario de los sucesos de Casas Viejas

Un hombre sin piedad llegó a Casas Viejas
"No te lo ordené. Lo de la ley de fugas era una manera de hablar. Es como si te digo que mates a esa niña. Tú, claro, no lo harías", le dijo Menéndez a Rojas. "Sí lo haría", respondió el capitán

En febrero de 1933, un mes después de la matanza de Casas Viejas, el capitán Manuel Rojas porfiaba con el director general de Seguridad, Arturo Menéndez, sobre si éste le había ordenado o no que aplicase la ley de fugas cuando en enero lo había enviado a Andalucía para reprimir una revuelta anarquista. Charlaban en el despacho de Menéndez, en la Puerta del Sol de Madrid. El escándalo ya había saltado. La prensa y la oposición al Gobierno que presidía Manuel Azaña ya habían desvelado que en Casas Viejas, la Guardia de Asalto al mando de Rojas, tras sofocar la rebelión, con el pueblo ya dominado, había detenido a doce vecinos, los había arrimado a una pared y, sin más, los había fusilado y rematado con un tiro en la cabeza.

El Gobierno sostenía aún la versión oficial sobre lo sucedido el 11 y el 12 de enero: que todos los fallecidos en Casas Viejas habían caído en tiroteos con los guardias. Que hubo una lucha en la que perecieron cerca de treinta personas, entre ellas dos guardias civiles y un guardia de asalto. Pero poco a poco la verdad se abría paso y ponía contra las cuerdas a un Gobierno que había negado la matanza y que ahora era acusado de haberla ordenado.

Era febrero, pues, y Rojas y Menéndez conversaban reservadamente sobre los sucesos de Casas Viejas. Rojas había firmado ya dos informes, entregados al Gobierno, en los que mentía sobre lo ocurrido. Ante el director general de Seguridad, que debía saber ya de los fusilamientos y buscaba la manera de que no le salpicasen a él ni al Gobierno, Rojas no es que lo contase todo y detallado, pero sí se empeñaba en dejar algo absolutamente claro: sostenía que en Casas Viejas había hecho, ni más ni menos, lo que él, Menéndez, le había ordenado: aplicar la ley de fugas.

Menéndez, agobiado, negaba. Nadie te ordenó eso, Manolo. No es así, lo que te dije es que dispararas sin duelo contra quienes os atacasen, que actuaras con energía..., insistía el director general de Seguridad ante el capitán. Claro que me lo ordenaste, Arturo: me dijiste que si hacía falta, aplicase la ley de fugas. Hice lo que me dijiste.

Menéndez no lograba convencer a su amigo y subordinado. Se veía metido en un lío de proporciones considerables. Él mismo le había asegurado a Azaña que lo de los fusilamientos era un mentira, que todo eso era una invención que usaban los radicales de Lerroux para derribar el Gobierno.

Entonces, en un último intento por hacer entrar en razón a Rojas, Menéndez se acercó a la ventana. Manolo, hay cosas que se dicen a veces que no deben ser tomadas a rajatabla. Si mencioné la ley de fugas, era una manera de hablar... Mira, ven. Le indicó la calle. ¿Ves aquella chiquilla? Es como si yo te digo ahora que bajes y la mates. Tú, claro está, no lo harías.
La respuesta de Rojas debió dejar helado a Menéndez.

Sí lo haría, contestó Rojas. Lo haría aunque fuese en contra de mi criterio y después daría cuenta de lo ejecutado y también de mi desacuerdo con la orden recibida.

Esa conversación, esa escena en el despacho de Menéndez se la refirió Rojas al juez instructor del caso Casas Viejas en una de sus declaraciones antes del juicio en el que compareció como acusado de asesinar a catorce personas. Como Rojas no dejó de mentir y de retorcer la verdad desde que partió de Benalup, con los cadáveres aún amontonados en la corraleta de la choza de Seisdedos, es muy posible que su versión sobre la charla esté convenientemente adaptada. Pero aún así, lo que importa de ella es el hecho de que Rojas fuese capaz de decirle a un juez, para exculparse de los fusilamientos, que mataría a una niña inocente si se lo ordenaban, que las órdenes estaban, en fin, por encima de la conciencia.

El capitán Rojas está ahí retratado. En esa anécdota que él mismo relató. Arturo Menéndez probablemente cayó en la cuenta en aquel momento de quién era Rojas, de que el hombre al que había enviado a apagar un incendio era un peligroso pirómano. Y de que nada iba a apartar a Rojas de pensar y decir que lo que hizo en Casas Viejas fue cumplir órdenes.

Así fue efectivamente. Rojas acabó siendo procesado y condenado y jamás dejó de apelar a las órdenes para justificar lo sucedido: nunca quiso asumir el papel de único culpable. Una campaña difamatoria ("quizá la más indecente que registre la historia del periodismo español", como dijo El Sol en 1935) ayudó a Rojas a difuminar y borrar su protagonismo en Casas Viejas. El capitán Rojas había actuado en el pueblo gaditano siguiendo órdenes del Gobierno y esas órdenes habían salido de boca del propio Azaña con frase de pistolero, dijeron una y otra vez algunos periódicos pese a que sabían con certeza que eso era mentira.

A la campaña le dio alas Arturo Menéndez al organizar desde la Dirección General de Seguridad un torpe intento de tapar lo sucedido en Casas Viejas y dar a entender que Azaña y su Gobierno participaban en el ocultamiento. No era así. El propio Azaña llegó a llamar a su despacho Rojas, a quien no conocía, y le preguntó si era cierto que habían fusilado a vecinos de Casas Viejas. No es cierto, negó Rojas hasta tres veces. Fuimos duros, crueles, pero no fusilamos a nadie, le aseguró el capitán al jefe del Gobierno, que bien sabía ya que aquel hombre le estaba mintiendo y se preguntaba por qué no admitía lo ocurrido.

Esa entrevista se produjo el 1 de marzo de 1933. Azaña desconocía entonces que Rojas negaba porque pretendía que Menéndez lo respaldase: que dijese que él había cumplido órdenes.

Al poco, el 4 de marzo, Rojas declaró en Medina ante el juez especial que investigaba los Sucesos de Casas Viejas. Rojas confesó entonces los fusilamientos.

Rojas le dijo al juez que la mañana del 12 de enero, ordenó a sus hombres recorrer la aldea en busca de revolucionarios. Los guardias le llevaron varios detenidos y eso le contrarió, explicó, porque les había transmitido las órdenes que tenía: les había dicho que se los cargasen al arrestarlos. En vista de que no lo habían cumplido, ordenó a sus hombres que condujesen a los detenidos con la intención de aplicarles luego la ley de fugas a la salida de la población. Pero ocurrió que pasaron por delante de los restos de la choza de Seisdedos, donde permanecía aún el cadáver carbonizado del guardia de asalto al que habían matado los vecinos que se hicieron fuertes en la casa. Allí, los guardias comenzaron a decirles a los detenidos que se fijasen bien en lo que habían hecho con su compañero. Rojas dijo que él intervino también y les ordenó a los detenidos que se acercasen a ver los cadáveres que había en la choza. Entonces los detenidos, que iban atados unos a otros, entraron todos en la corraleta de la choza, contó Rojas, y uno de ellos, con gesto insolente, le dijo algo que no pudo percibir y luego lo miró irónicamente, como en tono de chanza. Rojas dijo que como llevaba la pistola en la mano, en un momento de arrebato por la mirada insolente que el detenido les había dirigido a él y a los demás guardias, disparó sobre ese hombre e inmediatamente sonó una descarga que dio en tierra con todos los detenidos. Quedaron dos con vida, matizó Rojas. Ante lo sucedido, y en atención a las órdenes recibidas, explicó, los tirotearon también y los mataron.

En ese momento, Rojas estaba muy enfadado con Menéndez y con el Gobierno. Con Menéndez, porque consideraba que lo había traicionado al no querer admitir que le había dado orden de aplicar la ley de fugas. Con el Gobierno, porque ya sabía que no iba a recibir su apoyo sino todo lo contrario. Por eso y porque estaba convencido de que no había cometido delito alguno, Rojas apenas ocultaba ni disfrazaba su papel en Casas Viejas cuando declaró esa primera vez ante el juez. No es que dijese toda la verdad pero se acercaba suficientemente a ella como para dejar ver que, tal como corroboraron al principio (y ya no después) algunos testigos, su comportamiento fue frío y dominante. Él mandaba, él decidía, él ejecutaba (Fernández Artal le dijo al juez instructor que le sorprendió la frialdad con que Rojas mandó la ejecución y disparó contra los detenidos).

Dos días después de hacerlo en el Juzgado, Rojas declaró en Cádiz ante los diputados de la comisión parlamentaria que investigaba los Sucesos. Esa segunda declaración es la que aparece en diferentes libros sobre los Sucesos. También ahí admitió los fusilamientos. Pero ya entonces comenzó a cuidar sus palabras, a maquillar los hechos, a decir lo que creía conveniente. Entonces, por ejemplo, le preguntaron si dio orden a sus hombres de disparar contra los detenidos y el capitán contestó: "Hay quien dice que la di, otros que no la di y yo no recuerdo". La respuesta ponía una distancia importante con la imagen de autoridad personal que él mismo se había otorgado dos días antes. Chocaba frontalmente con lo que le había dicho al juez: que tras matar a los detenidos, todos los presentes lo felicitaron, le dijeron que así era cómo se acababa con aquellas cosas.

Rojas compareció después en varias ocasiones, entre marzo y abril de 1933, ante el juez instructor de la causa. Unas veces porque el juez lo llamó. Otras, porque él pidió declarar. Rojas permanecía encarcelado en el castillo de Santa Catalina, en la capital gaditana, en una soleada y amplia celda con vistas al mar. Lo que le fue diciendo al juez ayuda a comprender al personaje.

Rojas fue reconstruyendo su historia y modificando detalles. Pero nunca contó, por ejemplo, que tras matar a los detenidos, le entregó su mechero al teniente de Asalto Gregorio Fernández Artal y le ordenó que pegase fuego a toda la manzana de chozas y casas contiguas a la ya arrasada de Seisdedos. Esto es, que incendiase toda la parte alta del pueblo, donde vivían los campesinos, los más en chozas con tejado vegetal por las que correría el fuego sin obstáculo. Tampoco contó que cuando Artal le dijo que esas casas ya habían sido registradas y que en ellas sólo quedaban mujeres y niños, él insistió y reiteró la orden. Y no dijo, en fin, que Artal se negó, pidió al delegado del gobernador que mediase para evitar la masacre, que le ayudase a convencer a Rojas, y que sólo entonces el capitán desistió: cuando Fernando de Arrigunaga le advirtió del problema tan horroroso que supondría la pérdida de las mujeres y niños, de aquellas gentes, y de sus casas.

Rojas sí le contó un día al juez, por ejemplo, que en Casas Viejas, en las horas que transcurrieron entre el incendio de la choza de Seisdedos y su orden de practicar las detenciones, había estado meditando sobre la situación de aquel pueblo, sobre el estado de rebeldía en que se encontraba. Y que después de reflexionarlo mucho, creyó que la solución era cumplir fielmente la órdenes que le había comunicado Menéndez cuando salió de Madrid. Que ése fue el motivo que le determinó a efectuar aquellas detenciones y a fusilar a los detenidos en la forma que ya tenía dicho.

El teniente Fernández Artal le dijo al juez instructor que al amanecer, el capitán Rojas ordenó hacer una requisa en las casas de la parte alta del pueblo y detener a todos los que se encontrasen en ellas. Lo que Rojas no le indicó ni le ordenó a él en ningún momento, aseguró, fue que aplicase la ley de fugas a cada detenido en el momento de su detención. Si se lo hubiese ordenado, agregó, no lo hubiese hecho aun a cambio de perder su carrera. Los registros de las casas no fueron hechos con indicaciones de la Guardia Civil ni de nadie, aseguró Artal. Las patrullas, dijo, entraban en todas las que encontraban al paso. Entre los fusilados había hasta un vecino enfermo que él había puesto en libertad tras detenerlo. Un guardia del pueblo le había dicho que era un hombre honrado. Rojas se enfureció al saberlo y ordenó detenerlo de nuevo.

Rojas le dijo en cambio al juez que la Guardia Civil iba designando las casas de los más peligrosos y, sobre todo, las de quienes habían sido reconocidos en el ataque del día anterior al cuartel. No le cabía duda de que los detenidos habían participado en los sucesos, aseguró Rojas. Sobre todo, dijo, el individuo contra quien él disparó. Un guardia civil le había dicho que ese detenido era uno de los principales cabecillas revolucionarios.

Obsesionado con justificar lo que había hecho, Rojas también le explicó otro día al juez que la mañana del día 12 de enero había un verdadero peligro y no sólo para la fuerza que él mandaba, sino también para los vecinos de Casas Viejas e incluso para los de otros pueblos de la comarca. En esa situación, razonó, si él no hubiese hecho un rápido y ejemplar escarmiento, creyó entonces y seguía creyendo ahora que, en un probable envalentonamiento, los revoltosos hubiesen podido copar a toda la fuerza, saquear el pueblo y poner en peligro no sólo al Gobierno sino a la misma República, que la rebelión se hubiese extendido a toda Andalucía, atenta a lo que ocurría en Casas Viejas. Él temió, dijo, que si la revuelta no era sofocada en sus comienzos con energía, se hubiese propagado y luego, por mucha fuerza que hubiese mandado el Gobierno, no habría sido eficaz.

En algunas comparecencias, Rojas arrinconó el argumento de la órdenes recibidas de tal manera que se hacía casi imposible entonces suponer que un año después iban a convertirse en centro del juicio sobre la matanza. El propio Rojas asumía el mando, argumentaba su decisión de matar a los detenidos, la defendía como una idea suya y genial que había salvado a la República de un movimiento revolucionario que se hubiese extendido sin remedio. Rojas no necesitaba órdenes, era un gran estratega: llegó a Casas Viejas, vio, actuó, dio el rápido y ejemplar escarmiento que hacía falta, y venció.

Meses después, el abogado Eduardo Pardo Reina se hizo cargo de su defensa y Rojas supo que había estado metiendo la pata con sus sucesivas declaraciones ante el juez. Pardo Reina debió echarse las manos a la cabeza cuando las leyó. Luego debió explicarle a Rojas que tenía que olvidarse totalmente de que él había disparado contra alguno de los detenidos en la corraleta y también de que no recordaba si había dado o no orden de disparar a sus hombres: lo que tenía que recordar perfectamente es que no dio esa orden y que él sí disparó su pistola, pero al aire. También debió explicarle Pardo Reina a Rojas que uno de los detenidos le había amenazado o agredido, no mirado de modo insolente; que no hubo gesto de burla sino amenaza, debió recalcarle el letrado. Pardo Reina debió convencer, en fin, a Rojas de que quienes dispararon contra los detenidos fueron sus hombres, los guardias de asalto, cuando lo vieron a él en peligro, que todo fue accidental, que hasta tuvo que agacharse para que no le alcanzasen las balas porque él estaba junto a los detenidos. El abogado debió aclararle a Rojas que en absoluto había tenido intención alguna de aplicar la ley de fugas en Casas Viejas ni había conversado con el delegado del gobernador sobre dónde era mejor matar a los detenidos. También debió explicarle que pese a todo eso, tenía que mantener que Menéndez le dio orden de aplicar la ley de fugas, de disparar a diestro y siniestro y no dejar heridos ni prisioneros. También, era muy importante, de matar a mujeres y niños.

En mayo de 1934, ante el tribunal que lo juzgó, Rojas ya no admitía que él hubiese fusilado a nadie ni que hubiese aplicado la ley de fugas. Sólo mantenía, eso sí, que se lo habían ordenado.

Sus hombres, explicó, habían disparado contra los campesinos sin que él lo ordenase, de forma imprevista, cuando uno de los detenidos se le echó encima. Toda una película que nadie sensato podía creer. Ni recordaba ya que él mismo había relatado que tras los primeros disparos, dos de los detenidos se habían quedado fuera de la corraleta, con vida, y que también los mataron.

Rojas albergaba para entonces una nueva narración de hechos en su cerebro. Y nada ni nadie iban a obligarle a modificar ni una coma de esa nueva verdad. A lo realmente sucedido y a su propia versión primera, Rojas les había echado encima más paladas de tierra que las que sepultaban a todas las víctimas de Casas Viejas.

_________________
“Los hombres han sido siempre en política víctimas necias del engaño de los demás y del engaño propio”. Lenin.

Madrid, 1.931-1.945.

Solo los usuarios registrados en este foro pueden ver URL!
Regístrate o onéctate en el foro!



Ultima edición por 34BM el Vie Feb 12, 2010 6:35 pm; editado 1 vez
Volver arriba
Ver perfil del usuario Enviar mensaje privado Enviar correo Visitar sitio web del autor
azañista
Cabo
Cabo


Registrado: 31 Jul 2009
Mensajes: 117

MensajePublicado: Mie Ene 27, 2010 8:36 pm    Título del mensaje: Responder citando

Muy buen artículo Juan de Juan, enhorabuena, de veras. Te sigo de vez en cuando en tu blog.

EDITO: la aportación de 34 BM la acabo de leer y aporta matices muy interesantes para aproximarse a conocer lo ocurrido en ese triste y lamentable suceso de nuestra historia.

Un cordial saludo.
Volver arriba
Ver perfil del usuario Enviar mensaje privado
anarcosindicalista
Cabo mayor
Cabo mayor


Registrado: 30 Jun 2006
Mensajes: 173

MensajePublicado: Mie Feb 10, 2010 8:44 pm    Título del mensaje: Re: Casas Viejas Responder citando

Demasiado sesgado. La mayoría de las aportaciones son meras elucubraciones, muy críticas con Azaña pero bastante exculpatorias de Rojas (al que han aportado un texto muy interesante supra, que muestra como era este personaje que cambio tres veces sus declaraciones)

Cita:
tan feo, que hoy es el día que el pueblo de Casas Viejas ya no se llama Casas Viejas


El pueblo se sigue llamando igual Benalup-Casas Viejas


Cita:
Casares (inexplicablemente, diría yo) ni siquiera está en el hemiciclo


Casares en ese momento si no recuerdo mal estaba enfermo en Ronda, incapaz de levantarse de la cama.


Cita:
proceso en el que el capitán Rojas fue condenado a 21 años de prisión
.

Creo que salio al año

Cita:
Quizá por el cabreo que se pilló por comerse el marrón él solito, llegada la guerra Rojas se pasó al otro bando y participó en la represión en Granada


La guinda que colma el pastel. Será que muestra que a Rojas le iba la marcha de pegar tiros, asesinar y perseguir a la gente.

No tengo demasiado tiempo ahora pero a ver si vuelvo con el tema otro día.

Edito: Se agradecería alguna nota bibliográfica. Gracias.

Saludos.
Volver arriba
Ver perfil del usuario Enviar mensaje privado
anarcosindicalista
Cabo mayor
Cabo mayor


Registrado: 30 Jun 2006
Mensajes: 173

MensajePublicado: Vie Feb 19, 2010 9:18 pm    Título del mensaje: Responder citando

Bueno, lo prometido es deuda y me gustaría aportar mi grano de arena al tema y esclarecer un poco más lo que ocurrió en Casas Viejas.

Casas Viejas podría parecer un intento más de rebelión rural anarquista tan frecuente en la época, sino fuera no sólo por la tragedia tan horrenda que ocurrió allí, con dos guardia civiles heridos mortalmente y 8 personas quemadas vivas, sino también porque en parte fue una de las causas que motivaron la caída del gobierno de Azaña y provocó una conmoción general en el país al enterarse éste de la dura represión llevada a cabo y el intento de encubrimiento por parte del gobierno.

Casas Viejas es el ejemplo de revolución y represión posterior. Una de las piedras en el camino hacia la guerra civil. El mismo Franco reconoció años más tarde en el documental de J. Luis Sáenz de Heredia, Franco, ese hombre, que aquellos hechos le hicieron pensar en la necesidad de intervenir en contra de la Républica.

Este tema ha sido malinterpretado muchas veces por varios historiadores y en general hay cierta tendencia negativa hacia este levantamiento y mucha crítica al anarquismo, visto como una especie de religión que llevaba a sus seguidores a un martirio inútil. El anarquismo, según estos historiadores, se trataría de un movimiento arcaico que no era compatible con la sociedad moderna ni solucionaba los problemas y males de ésta. A partir de estas premisas se analizan a veces el carácter de sus miembros con estereotipos que nada resuelven el estudio del movimiento.

Antes de entrar en profundidad a averiguar los motivos que llevaron a los campesinos de Casas Viejas a proclamar el comunismo libertario el 11 de enero de 1933, es necesario que veamos un poco de antecedentes, de cómo llegó el anarquismo a Casas Viejas y por qué caló entre sus habitantes para luego pasar a analizar el levantamiento en sí.

España es el único país del mundo donde el anarquismo se convirtió en un movimiento de masas a diferencia de lo que ocurría en otros países donde este espacio era ocupado por el marxismo que proponía un socialismo autoritario frente a la destrucción inmediata del estado pregonado por aquellos.

El anarquismo llegó a España en 1868, con el destronamiento de Isabel II. Bakunin tan pronto como oyó las noticias, envió al revolucionario Giuseppe Fanelli para ganar adeptos. Su viaje tuvo éxito y enseguida junto con 21 conversos fundó la Federación regional española de la primera Internacional. Las ideas de Bakunin, cuyo comunismo libertario estaba más adaptado a sociedades agrícolas, encajaba en el temperamento español y en una población mayoritariamente rural y explotada. Barcelona pronto se convertiría en la capital del anarquismo, aunque las provincias andaluzas contaban con mayor número de miembros.

Para los anarquistas los problemas de la humanidad se debían a un sistema social corrupto y a la autoridad opresiva de Iglesia y Estado. La revolución y la re-educación eran necesarias para establecer un comunismo libertario que aseguraría la libertad individual fuera de fuerzas opresivas (policía jueces y militares). Después de la revolución surgiría un orden social espontáneo en la que en un sistema federal se intercambiarían bienes realizados en una producción colectiva. La competición daría lugar a la cooperación, la religión a la enseñanza científica, las fronteras desaparecerían, el salario laboral sería innecesario, y el matrimonio daría lugar al "amor libre".

El anarquismo pretendía una remodelación de la sociedad pero esta no llegaría inmediatamente sino que, a través de la re-educación continua y muchos sacrificios, aparecería tras muchas generaciones.
Podría el anarquismo resolver los problemas del campo andaluz? Autores tan poco amigos del anarquismo como Gerald Brenan, afirman que la propiedad comunal de la tierra en Andalucía tenía muchas ventajas y que era solo la estupidez de los dirigentes del país lo que impedía llevar a cabo una auténtica reforma agraria.

Al final Casas Viejas no es más que el conflicto entre dos ideales: el anarquismo y la democracia. Las escasas reformas republicanas no eran suficientes a los ojos de los anarquistas que además consideraban que la República socavaba sus ideales. El resultado fue que a la vez que no conseguían ningún beneficio propio, herían mortalmente los principios y bases del sistema republicano. Para muchos los anarquistas eran simplemente demasiado ingenuos: abandonar el proceso reformista a favor de un proceso revolucionario. Esta dicotomía, sin embargo no estaba sólo presente en este movimiento, sino también no era nada ajeno al socialismo. Durante mucho tiempo, durante la formación de ambos movimientos de masas, unas voces y otras se manifestaron a favor de prácticas reformistas frente a revolucionarias. Sin embargo, en una cosa estaban en lo cierto los anarquistas, en que un proceso reformista convertiría al movimiento en conservador, relegando sus ideas de tranformación de la sociedad en aras de un proceso político burgués. Ni la revolución ni las reformas dieron a los anarquistas más que una pequeña visión de esperanza seguida de derrota y dura represión. Esta situación tuvo su momento álgido durante la Republica en la que los problemas sociales y políticos alcanzaron una intensidad fatal. Los anarquistas creían que la solución a sus problemas no estaba fuera de su alcance y esta ilusión los llevó a acciones en que quedaban derrotados y divididos.


Se puede fechar la llegada del anarquismo en Casas Viejas en 1914, cuando José Olmo, un carbonero y líder anarquista de la vecina ciudad de Medina Sidonia, se traslada a vivir allí y funda un centro. Claro está que las ideas anarquistas ya estaban entre muchos habitantes del pueblo, debido a sus contactos con otros trabajadores temporales andaluces, sobre todo de Málaga y Jérez, que se trasladaban cerca de Casas Viejas para trabajar en las labores del campo de los grandes latifundios de la zona. Para aquel entonces Casas Viejas era una población relativamente nueva, de unos 2000 habitantes, en la que la mayoría de sus trabajadores eran temporales. El empleo era de poca duración, con una media de 170 a 180 días por año, lo que arroja un resultado de 6 meses de desempleo. El salario de los trabajadores era de 3 reales por día en invierno (3/4 de peseta) y el doble en verano, muy por debajo del sueldo medio en 1914 que era de 4.7 pesetas al día. Para hacernos una idea de lo escaso de este salario veamos una tabla de precios de este año:

5 naranjas= 5 céntimos
1 plato de sardinas= 5 céntimos
1 pan=35 céntimos (más de la mitad del sueldo en invierno)
1 litro de leche= 15-20 cent.
1 litro de aceite= 50 cent.
1kg carne= 8 pesetas (prohibitivo)


Vemos que el salario no alcanzaba para sobrevivir por lo que era necesario que trabajase toda una familia, niños incluidos para sustentarse. Estos eran los que pagaban el precio más alto por la supervivencia. De las 50 muertes ocurridas en 1913 en Casas Viejas, 27 (más del 50%) fueron niños menores de 3 años. Las causas normalmente eran meningitis, bronquitis, difteria, neumonías, fiebres, etc... La falta de nutrición, malas condiciones higiénicas, y escasos cuidados médicos ayudaban en gran manera a la alta mortalidad. Los que lograban sobrevivir quedaban marcados por el raquitismo y la tuberculosis.

Casas Viejas también contaba con un cuartel de la guardia civil, aunque debido al bajo índice de criminalidad de la zona, éste más bien servía como medio de intimidación del gobierno. Oficialmente, Casas Viejas era un barrio de Medina Sidonia, una población mucho mayor y más antiguo de bastante importancia en la zona, fundada y habitada desde los fenicios. También contaba con un centro anarquista, pero mucho más antiguo, fundado en 1872, 4 años después de la llegada del anarquismo a España. En 1884 el centro contaba con 46 miembros cuyo objetivo básicamente eran los viñedos de Jérez. El número de sabotajes y boicots aumentaron junto con el correpsondiente miedo local y la represión estatal (encarcelamientos, exilio, arrestos...). En la década de 1880 además se corrió el rumor de una organización secreta llamada, "la mano negra" cuyo objetivo era la destrucción de propiedades y el asesinato de terratenientes. No se sabe a ciencia cierta si la existencia de esta organización fue real o era simplemente una excusa para la represión policial. Unas 5000 personas fueron arrestadas en la provincia de Cádiz y zonas vecinas.

El movimiento anarquista fue madurando y sus boicots y acciones se hicieron más pensados y con unos objetivos marcados. La llegada del sindicalismo revolucionario francés a principios del siglo XX incluyó la huelga como medio de alcanzar reivindicaciones y mejoras laborales. Esta se convirtió en el arma más eficaz para conseguir los objetivos anarquistas. Una huelga general acabaría destruyendo la autoridad central y se convertiría en revolucionaria. Estas nuevas ideas ganaron enorme aceptación entre la población campesina andaluza.

La huelgas se hicieron cada vez más numerosas empezando en 1902, seguida por la de 1905, con una terrible hambruna que asoló a España y dejó amargos recuerdos, llegando a 1909 con la "semana trágica" en Barcelona. Al año siguiente anarquistas y sindicalistas se unieron para fundar la CNT, aunque en realidad acabó constituyéndose en 1911, y aunaba dos objetivos: la aspiraciónn anarquista de conseguir una sociedad libertaria y la sindicalista que reclamaba objetivos más inmediatos,como la semana de 40 horas. La CNT solo pudo legalizarse en 1914, el mismo año en el que se fundó el centro anarquista en Casas Viejas.

Cuando José Olmo llegó al pueblo encontró que sus ideas eran acogidas favorablemente. Más de la mitad de 54 mil hectareas de tierras en Medina Sidonia pertenecían a 22 personas. Los grandes latifundistas ya no cumplían con su contrato social de mantener a los campesinos, tal como había sido en otras épocas, y la explotación era brutal. El anarcosindicalismo también era compatible con la noción de cooperación campesina en el trabajo e intercambio de bienes. Casas Viejas todavía poseía prácticas antiguas de compartir el agua entre las diferentes huertas del pueblo. El siglo XIX había acabado con estas prácticas, cuando tierras comunales se vendieron a terratenientes y a la pequeña burguesía que pudo pagar por las tierras. Medina Sidonia tuvo unas 8000 hectareas de este tipo de tierras comunales.

Desde el punto de vista del campesino el gobierno y las clases más altas los habían traicionado: explotados por terratenientes y oprimidos por el estado que ayudaba a los primeros. A final de 1914 el centro contaba con 170 miembros que pagaban su afiliación. El centro se unió en solidaridad a la huelga en Jérez en junio de 1914, lo que marcó el inicio de un nuevo nivel de lucha de los campesinos. Al año siguiente se declaró otra huelga para el inicio del verano. Sin embargo la guardia civil detuvo al presidente del sindicato de Casas Viejas quien, no se sabe muy bien como, firmó una confesión de que se planeba asesinar a los terratenientes de la región con historias y rumores de colaboración con la organización secreta "La mano negra". Varios líderes del centro sindical de Casas Viejas fueron arrestados, auqnue más tarde fueron puestos en libertad sin cargos.
A partir de 1917 España, a pesar de no haber entrado en la I guerra mundial, sufrió una oleada huelguística sin precedente. Lo que se conoce como trienio bolchevique.

Numero de huegas:


año / total / agricultura


1914-1917> 231 / 32
1918 > 465 / 68
1919 > 895 / 188
1920 > 1.060 / 194

*fuente, Malefakis, cita las estadísticas del instituto de reformas sociales



Andalucía acabó escapando al pistolerismo que vivió Barcelona, sin embargo la batalla entre campesinos y terratenientes fue bastante dura. El gobierno suspendió las garantías constitucionales en junio de 1917 y muchos anarquistas de Medina Y Casas Viejas fueron arrestados. El triunfo de la revolución bolchevique en octubre y la caída del gobierno de kerensky electrificó todavía más el campo, pues creían que en Rusia había vencido una revolución anarquista. La visita del líder de la CNT, Angel Pestaña, a Rusia en 1921, les haría cambiar de opinión por la que la colaboración entre anarquistas y los comunistas de la III Internacional fue imposible. Aunque estos no dejaron de ver la revolución rusa como fuente de inspiración.

José Olmo acabó aliándose con políticos liberales para las elecciones de febrero de 1918, lo que provocó una división entre los anarquistas de Casas Viejas que veían traicionados sus ideales. José Olmo acabaría muriendo de una paliza que no le proporcionó la guardia civil sino una familia de campesinos en busca de venganza en un asunto poco claro relacionado con un abuso de menores.

En 1924 con la llegada de la dictadura de Primo de Rivera, todos los centros anarquistas fueron cerrados y sus actividades declaradas ilegales. El movimiento anarquista pasó a la clandestinidad hasta la llegada de mejores tiempos.

Y en esto llegó la República......

to be continued.....
Volver arriba
Ver perfil del usuario Enviar mensaje privado
34BM
Ejército Popular Republicano
Ejército Popular Republicano


Registrado: 30 Dic 2006
Mensajes: 2133
Ubicación: Frente de Madrid.

MensajePublicado: Sab Mar 06, 2010 3:00 pm    Título del mensaje: Responder citando

En el Antiguo (antiguo) Régimen la división de la sociedad estaba clara con aquello de los oratores, bellatores y laboratores, Con esta división de la sociedad se justificaba legalmente que unos tuvieran una serie de privilegios (nobleza y clero) y otros estuvieran condenados a trabajar. Por tanto, el trabajo estaba mal considerado, era lo que se denominaba “el principio de la deshonra legal del trabajo”. En España habrá que esperar al Despotismo Ilustrado (“todo para el pueblo, pero sin el pueblo” ¿?) para que empiece a valorarse el trabajo. Así, Carlos III con la famosa Real Cédula de 1783, suprime “la deshonra legal del trabajo”. Aunque determinados ámbitos como en el del latifundismo andaluz, esa deshonra ha durado demasiado tiempo. Dejando a un lado los matices, podemos decir que con la Revolución Francesa llegó el fin del Antiguo Régimen y con ello la dignificación del trabajo. Con la excepción de las mujeres. Durante todo el siglo XIX y principios del XX fue pareja la lucha por la incorporación al trabajo y por la adquisición de derechos políticos femeninos. En la segunda república fueron evidentes los resultados de esta lucha, si bien el franquismo, como en otros aspectos, significó una vuelta atrás.

No me leído aun todo el blog, pero promete:
Solo los usuarios registrados en este foro pueden ver URL!
Regístrate o onéctate en el foro!


_________________
“Los hombres han sido siempre en política víctimas necias del engaño de los demás y del engaño propio”. Lenin.

Madrid, 1.931-1.945.

Solo los usuarios registrados en este foro pueden ver URL!
Regístrate o onéctate en el foro!

Volver arriba
Ver perfil del usuario Enviar mensaje privado Enviar correo Visitar sitio web del autor
Mostrar mensajes anteriores:   
Publicar Nuevo Tema   Responder al Tema    Índice del Foro La Guerra Civil Española -> La II República Todas las horas están en GMT + 3 Horas
Página 1 de 1

 
Saltar a:  
No puede crear mensajes
No puede responder temas
No puede editar sus mensajes
No puede borrar sus mensajes
No puede votar en encuestas



Recuperación de la memoria histórica


Powered by phpBB © 2001, 2002 phpBB Group
subRed style by ktauber

Abuse - Report Abuse
Powered by forumup.es Foros gratis, Crea tu foro gratuito!
Created by Raulken of Hyarbor S.r.l.
TOS & Privacidad.

Page generation time: 0.585